Ella siempre tuvo los sueños grandes y las ganas de cumplirlos -hasta ahora lo logra-. Él, por su lado, siempre tuvo el poder de jactarse de sus capacidades más allá de la realidad.
Con el perfecto pretexto de ayudarle a escribir un discurso importante, el conoció su guarida, hasta ese momento, desconocida. Descubrieron un vicio, el café, segunda excusa. Siempre él queriendo ser parte de logros ajenos por falta de sueños propios. En realidad, él estaba de más -hasta ahora, talvez-, ella podía todo con sus propias manos, no necesitó de nadie para cumplir ese sueño.
Él le deseaba suerte o bendiciones en su proyecto. Él ignoraba que el camino era demasiado largo. Solo conocía pequeñas partes de ella, solo retazos de un todo que siempre superará su imaginación. Ella, dulce, aún tenía lienzos blancos dentro de sí.
Ese momento hermoso y tierno aún en que sus miradas querían decir más de lo que sus labios se atreverían a decir. Él, tramposo y vividor, iba de a poco dejando semillas de oscuridad en el jardín de la ternura. Sus necios paradigmas y existenciales conflictos invadían su capacidad de comunicarse. Vestía su presencia con capa de siete misterios para pretender ser más interesante que lo que era realmente.
Época de delfines, años de juventud plena. Ella encontraba llamativos los dones de aquel payaso triste que sabía camuflar muy bien ante la gente sus intenciones. Cuando el rostro de él aun podía sonreír sin que se noten los bordes de su careta.
Ella consiguió su sueño. Ese discurso no la puso donde estuvo, fue ella y su carisma y su motivación. Esas palabras escritas en un papel solo fueron el justificativo que él uso para abrigar su corazón, sin saberlo ninguno de los dos. Asumo yo que ella empezó a abrir su corazón; él lo tenía abierto y dispuesto a dejar entrar toda la luz que emane de ella... y no solo de ella... Él no tenía remedio.
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domingo, 7 de abril de 2013
Una línea de mi mano (pt. 2 - pocos meses después)
domingo, 31 de marzo de 2013
Una línea de mi mano (pt. 1)
Frente al mar, con el sonido de las olas como fondo para una conversación que excedió toda expectativa.
Ella descubriendo el mundo, él, empezando a cansarse del mismo, y aun le falta mucho camino, aunque unas cuantas heridas ya tenía para su colección. Nunca tuvo mucha suerte él e temas de bienestar emocional desde su primera marca muy temprana en el camino.
Colores, ilusiones y pasiones entre mezcladas en minutos interminables de compartir sueños inocentes. Risas, miradas y sutiles (ahora casi infantiles) intentos de llamar la atención. Ambas partes involucradas no llegaron ni a sospechar que fruto de esa conversación el universo generaría toda una aventura épica que llegaría a sobreponerse a más obstáculos de los necesarios.
Tuvieron otros que interrumpir esa conexión ignorando que ya la luna, muda e impotente, había lanzado un hechizo casi maléfico entre aquellas almas tan llenas de todo en esa primera noche.
Él, fracaso de bohemio, iluso empedernido y demente roto, abría sus misterios como vertiendo algún liquido sobre la boca sedienta de ella. Ella, resistente flor rebelde, se dejaba llevar por el tren de pensamiento sin sentido ni dirección. Siempre fue así, metáforas y símbolos para ocultar las palabras sencillas y desnudas que hubieron facilitado el trajín. Pero ese vértigo de hablar de todo sin nombrarlo fue mágico y consistente para ellos, románticos ignorantes. Niño y niña descuidados e ingenuos, embriagados por la arena y la brisa.
Inseguridad e inmadurez los primeros ingredientes para una historia sobre el fin de la inocencia y la cordura. Su cordura.
Ella descubriendo el mundo, él, empezando a cansarse del mismo, y aun le falta mucho camino, aunque unas cuantas heridas ya tenía para su colección. Nunca tuvo mucha suerte él e temas de bienestar emocional desde su primera marca muy temprana en el camino.
Colores, ilusiones y pasiones entre mezcladas en minutos interminables de compartir sueños inocentes. Risas, miradas y sutiles (ahora casi infantiles) intentos de llamar la atención. Ambas partes involucradas no llegaron ni a sospechar que fruto de esa conversación el universo generaría toda una aventura épica que llegaría a sobreponerse a más obstáculos de los necesarios.
Tuvieron otros que interrumpir esa conexión ignorando que ya la luna, muda e impotente, había lanzado un hechizo casi maléfico entre aquellas almas tan llenas de todo en esa primera noche.
Él, fracaso de bohemio, iluso empedernido y demente roto, abría sus misterios como vertiendo algún liquido sobre la boca sedienta de ella. Ella, resistente flor rebelde, se dejaba llevar por el tren de pensamiento sin sentido ni dirección. Siempre fue así, metáforas y símbolos para ocultar las palabras sencillas y desnudas que hubieron facilitado el trajín. Pero ese vértigo de hablar de todo sin nombrarlo fue mágico y consistente para ellos, románticos ignorantes. Niño y niña descuidados e ingenuos, embriagados por la arena y la brisa.
Inseguridad e inmadurez los primeros ingredientes para una historia sobre el fin de la inocencia y la cordura. Su cordura.
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